Tan conectados como valientes

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EL OBSERVADOR | CONTRATAPA | 16/04/2012  | Pág. 28
Tan conectados como valientes. Recientes indicadores colocan al país lejos de los más tecnológicamente desarrollados en conectividad. Pero todavía podemos…

Uruguay vivió durante gran parte del siglo XX con el mito de su alto nivel cultural, algo que comprendía lógicamente la educación en todas sus formas. Es probable que ello haya sido cierto, en especial en comparación con el resto de los países latinoamericanos.

Aunque -sabido es- solíamos no compararnos con el resto de los países latinoamericanos, asumiendo en consecuencia una singular insularidad.

Pero bueno, nos veíamos como una especie de extensión del Mediterráneo, un inexplicable error de la geografía. Y ahí quedaba la cosa, sin demasiado análisis.

Ese repertorio imaginario fue impugnado y vaya si fue impugnado a partir de la década de 1960, aunque siguió existiendo una especie de conciencia de la exclusividad pretérita, una supuesta pertenencia a un semi- ignoto club (solo conocido por algún excéntrico politólogo en Boston o en Estocolmo).

El siglo XXI tiene indicadores para todo; sabemos por ejemplo -Transparencia Internacional mediante-, que somos infinitamente menos "corruptos" que el resto de los latinoamericanos y que España, entre otros (excepto Chile que está en un nivel similar al nuestro).

Sabemos también que el seleccionado de fútbol nacional está tercero según el ranking de FIFA y sabemos también que recuperamos el Investment Grade.

Y hasta sabemos cómo nos sitúa el Informe Global sobre la Tecnología de la Información presentado por el World Economic Forum (WEF). Aquí el asunto se complica un poco más, aunque se podría estar peor.

A nivel latinoamericano superado una vez más por Chile (39), Uruguay exhibe un desteñido número 44. Claro, Brasil se encuentra en el 65, México en el 76, Argentina en el 92 y Venezuela en el 107, por dar otros datos. En el otro extremo, en el reino de los elegidos, el lugar 1 lo ocupa Suecia, seguida de Singapur y Finlandia.

Si multifactoriales son las causas de la mayor clase de situaciones que se le presentan al ser humano, cabe imaginar en esta materia hasta una plusvalía de elementos. Pero uno que sin dudas está en juego, guarda relación con sistemas educativos deficientes, o no adecuados para el mundo que nos toca vivir.

Y en el marco de ese gran tema de particular actualidad es fundamental volver a mirar el mapa con otros ojos. Uruguay puede prepararse para asumir una relación orgánica con el mundo, ya sin los prejuicios regionalistas o los chauvinismos continentales. Debemos enfrentar el desafío de convivir en un tempo hiperconectado, una comunidad integrada por millones y millones de individuos con internet accesible e inmediata. La hiperconectividad cambia las reglas de juego y nos abre a innúmeras opciones. La mesa está servida.

Uruguay puede insistir en un Mercosur desfalleciente o tratar de ser competitivo al máximo jugando en las grandes ligas. Históricamente los pueblos necesitaban de sus vecinos más próximos, pero hoy no es la distancia física donde se dirime el dilema.

Uruguay puede desempolvar sus preconceptos, olvidar sus (supuestas) limitaciones y atacar los elementos objetivos capaces de posicionarlo en la cúspide. Tal vez no estemos tan lejos y, entre otras cosas, falte desearlo.

Habrá entonces hasta que hiperconectar el inconsciente.