¿Quién manda, sus aparatos o usted?

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Por MICKEY MEECE

Los profesionales de la actualidad hablan en serio cuando presumen que se mantienen conectados al trabajo las 24 horas del día.
El fenómeno inició con el ascenso de los BlackBerrys y se ha incrementado con el uso de más teléfonos inteligentes, medios sociales y computadoras tablet.
Mas toda esta productividad viene acompañada de una sensación de malestar. "El hogar ha invadido el trabajo y el trabajo ha invadido el hogar y la frontera probablemente nunca será restablecida", señala Lee Rainie, director del Proyecto de Internet y Vida Americana del Centro de Investigación Pew.
A eso hay que añadirle los efectos de la reciente recesión. Debido a que los empleos y las oportunidades de ascenso son escasos, a muchos empleados les preocupa que alguien que está más conectado pueda rebasarlos, señala Peggy Klaus, entrenadora ejecutiva en Berkeley California.
Karen Riley-Grant, directora de Mercadotecnia global al consumidor para la marca de ropa Dockers, ha sentido la presión de intentar mantenerse conectada constantemente -no sólo debido a la presión de sus jefes, dice, sino por sus propios temores.
"Me encanta mi trabajo", dice. "La decisión de conectarme o desconectarme es personal. Mi trabajo es vertiginoso y exigente. Si no presto atención en horas fuera de trabajo, las cosas podrían venirse abajo."
Sin embargo, incluso antes del nacimiento de su segundo hijo, el año pasado, reconoció que necesitaba estar menos conectada. Así que con la ayuda de Klaus, le hizo saber a sus compañeros de trabajo que iba a apagar su iPhone durante algunas horas en días hábiles, así como los fines de semana.
Los investigadores y especialistas en el lugar de trabajo señalan que la conversación sobre lo que se espera de los trabajadores "después de horas de trabajo" es crucial para manejar expectativas. Craig Wilson, director global de Consultoría estratégica para Avaya, proveedor de sistemas de comunicaciones para negocios, dice ser respetuoso de los colegas que trabajan en países y husos horarios diferentes. "Si le envío a alguien un correo electrónico alas 19 horas", explicó, "no es legítimo que espere una respuesta esa noche o a las 7 horas".
A gran escala, la forma en que los empleados incorporan aparatos a sus rutinas cotidianas depende del individuo. Algunas personas insisten en mantener separadas las preocupaciones del trabajo y las de la vida, mientras que otros integran componentes de ambos.
Por ejemplo, Stephanie Marche-si, de la compañía de mercadotecnia Fleishman-Hilíard, en Nueva York, desarrolló un sistema que involucra traer cuatro aparatos en todo momento: un iPhone y una iPad para su vida familiar y social, y un BlackBerry y una laptop para el trabajo. "Puedo sacar uno u otro y controlar ambos aspectos de mi vida", dice.
En una mañana típica, toma un tren de Connecticut a Nueva York a las 7 horas e inmediatamente saca su laptop con conexión a Internet y su BlackBerry. La siguiente hora es como estar en la oficina, indica. "Cuando me traslado al trabajo, no he desaparecido."
Lo mismo aplica de regreso. Toda la rutina "se siente muy natural", afirma Marchesi. "No soy una persona estresada ni soy una maniática. Soy dedicada, conectada y pronta para responder."
Anne Dutra, ejecutiva de reclutamiento en Chicago, solía dejar encendido su teléfono en la noche en modo de vibración -y solía vibrar 20 veces. Así que ahora, pone sus dos teléfonos en modo de silencio durante la noche. "Si necesitas algo de tranquilidad", dice, "de ti depende no permitir ser molestado durante una o media hora".
La tecnología le ha brindado más libertad, dice Dutra, "pero también implica un poco más de esclavitud".
John Lilly, ex director ejecutivo de Mozilla, la compañía que creó el navegador Firefox, intentó hace poco no depender tanto de una conexión constante. Anunció en su blog que se desconectaría de Google Reader, Twitter y Facebook.
Y a final de cuentas, no lo logró. "No pude descubrir la forma de desconectarme de todas esas cosas", cuenta. "Para ser más exactos, en realidad no quería hacerlo."
La buena noticia sobre la tecnología, dice, es que se puede estar en cualquier lado y seguir trabajando. La mala, señala, es que "en cualquier lado que se esté, hay que trabajar".
Demasiada conectividad puede dañar la calidad de nuestro trabajo, indica Robert Sutton, profesor en la Universidad de Stanford, en California. Debido a los aparatos, indica, "todo el mundo ahora tiene un peor desempeño porque está haciendo más cosas".
Sin embargo, señala Klaus: "estamos en un tsunami de tecnología. Ya sea que lo ames o lo odies, a la larga tenemos que descubrir cómo sobrevivir a ello y hacer que funcione a nuestro favor".