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Asociación que integran Antel, Movistar y Claro reconoce el "éxito" del modelo uruguayo, pero pide "equilibrio" entre los operadores. "No se puede tapar la evolución tecnológica con un dedo", dijo Pablo Bello, secretario general de Ahciet

Las empresas privadas de telecomunicaciones miran por estos días al gobierno con el ceño fruncido: cuestionan la estrategia oficial de desarrollar las más altas tecnologías desde la empresa pública Antel, impidiendo que otros operadores instalen fibra óptica o brinden Internet mediante las redes de televisión por cable.
Para Pablo Bello, que fue subsecretario de Telecomunicaciones de Chile durante el gobierno de Michelle Bachelet, no es cómodo analizar la coyuntura uruguaya. La Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (Ahciet), de la que es el secretario general, está integrada por las tres principales compañías que operan en Uruguay: Antel, Movistar y Claro.
Aunque considera que el uruguayo es un caso de "éxito" en la región, Bello sostiene que el país aún tiene que lograr un "equilibrio" entre abrir el mercado a la competencia y evitar que Antel se desfinancie por su obligación de llevar las telecomunicaciones a todos los ciudadanos, incluso los que dejan poca rentabilidad.
El secretario general de Ahciet señaló que "más allá de las visiones políticas, hay que ser muy pragmáticos".
"Las redes son como son, la tecnología tiende hacia la convergencia; no se puede tapar la evolución tecnológica con un dedo. Va en una dirección y hay que aprovecharla. No aprovecharlos beneficios de la convergencia tecnológica y de la neutralidad en términos de plataformas es perder oportunidades", afirmó en una entrevista con Búsqueda minutos después de mantener una reunión con autoridades uruguayas.

-¿Cómo ve la situación del mercado uruguayo en el marco de las diferencias entre el gobierno y las empresas privadas?

-Hay experiencias que respaldan un modelo mixto público y privado, y Uruguay está demostrando que es un camino interesante. El desafío que hemos conversado con los distintos actores es cómo se construye un modelo en el cual las reglas sean claras para todos, que todos los actores tengan un rol importante en la medida que quieran invertir y competir y que al mismo tiempo se logre un equilibrio con las necesidades que tiene el país para cubrir las zonas de menores ingresos, menos atractivas desde el punto de vista privado.

-La política del gobierno consiste en determinar qué tecnologías hay que desarrollar y quién lo puede hacer, limitando a las empresas privadas en la oferta de fibra óptica o cable modem. ¿Recibieron inquietudes al respecto?

-La tecnología tiende hacia la convergencia y las divisiones que antes uno podía establecer entre lo que era fijo, móvil, larga distancia, pierden un poco de sentido en la medida que las diversas tecnologías permiten prestar servicios similares. Por un lado el ideal, y eso se aprecia en muchos países de la región, es que pueda existir un mix de tecnologías diversas. El objetivo a largo plazo sin duda es ir avanzando hacia la fibra óptica. De eso hoy por hoy no hay mayores dudas. Y modelos para implementar una política de país hacia la fibra óptica hay diversos. En el caso australiano hubo una intervención del Estado importante. Se hizo un proyecto a nivel nacional liderado por et sector público, pero con coparticipación de distintos actores privados para poder generar una red de alta capacidad en toda Australia, que pueda ser utilizada por todos los operadores. Hay experiencias en la región, el caso de Chile o de Estados Unidos sin ir más lejos, en que el cable modem sí se convirtió en un actor importante para el estado tecnológico en que estamos hoy por hoy. El cable modem puede ofrecer velocidades de 20 megabits por segundo, e incluso más que eso. La fibra se puede complementar con tecnologías híbridas, por un lado cable, por otro lado fibra, hasta cierto punto. En términos ideales, mientras más alternativas tecnológicas existan mejor, y que sean los consumidores los que puedan optar de acuerdo a sus necesidades. No todo usuario requiere una conexión de fibra óptica.
Es razonable que un país como Uruguay se plantee una visión de largo plazo en términos de cómo genera una red de futuro. Eso no tiene por qué ser contradictorio con que en el corto plazo sí pueda haber competencias de infraestructura. Nuestra visión no es en blanco y negro. Más allá de las visiones políticas, hay que ser muy pragmáticos, las redes son como son, la tecnología tiende hacia la convergencia; no se puede tapar la evolución tecnológica con un dedo. Va en una dirección y hay que aprovecharla. No aprovechar los beneficios de la convergencia tecnológica y de la neutralidad en términos de plataformas es perder oportunidades. Lo que está ocurriendo en América Latina en general en los países que lo están haciendo mejor, como es el caso de Uruguay, de Chile y de Colombia, tiene que ver con ir generando ese equilibrio entre competencia y mecanismos de intervención para asegurar que todos puedan acceder a servicios de calidad.

-¿Cómo puede una empresa pública como Antel dar un servicio universal y la vez competir en igualdad de condiciones con dos grandes multinacionales sin salir perdiendo a largo plazo?

-Hay distintos mecanismos para evitar que se produzca el desfinanciamiento de un operador. Antel entró a competir en móviles y no le ha ido mal. Se han ido incorporando nuevos servicios, cada vez las terminales son mejores, se han bajado los precios. Entonces lo que tiene Uruguay por delante es generar un modelo equilibrado que no desvista a un santo para vestir a otro. Evidentemente hay temas económicos que resolver, pero hay formas de hacerlo. Hay experiencias internacionales muy nítidas a través de los sistemas de fondo universal. En países de Europa se establecen mecanismos de financiamiento a través de presupuestos generales o aportes desde la industria para compensar esa pérdida de ingresos.

-¿En otros países se está dando un debate similar a este?

-Los marcos regulatorios en muchos países se han ido quedando obsoletos porque la tecnología avanza muy rápido. En buena parte de América Latina, durante los años 90 se actualizaron los marcos regulatorios. Nos parece que el caso de Uruguay no es muy distinto a aquello. Se puede lograr un modelo mixto. Uruguay lo ha venido construyendo y es un modelo que puede funcionar. Hay que hacerle algunos ajustes fruto de la evolución tecnológica. Uruguay no está en una situación de desventaja en América Latina; al contrario, está en una situación de bastante avance y liderazgo. Entonces no es un caso de fracaso, sino de éxito. El tema es cómo ese caso de éxito se va ajustando al cambio tecnológico y a las necesidades de los usuarios.

-¿Les transmitieron desde el gobierno la voluntad de volver a discutir estos temas?

-En principio lo que se nos transmitió es la voluntad de tener un proceso de participación, de diálogo. Este es un sector tan complejo técnicamente y con tanta evolución, que si no se escucha a los diferentes actores se cometen inevitablemente errores. Portante para hacerlo bien hay que hacerlo en forma consensuada. Esperamos que el ruido del conflicto no lo impida.

-¿Las empresas privadas les plantearon la intención de apelar a los tratados de inversiones que sus países tienen con Uruguay, dadas las divergencias que hay en varios temas?

-Uruguay tiene muy buena imagen internacional y en general es un país que respeta las inversiones y los acuerdos, y no creo que estemos ni siquiera cerca de un escenario de esa naturaleza. Indudablemente, como Antel, Claro y Telefónica son socios nuestros, hay visiones distintas dentro de la propia asociación y la tarea es ir buscando elementos en común. Pero creo que no estamos en ese escenario. Yo también he sido regulador y conozco perfectamente cómo se plantean algunas discusiones. No creo que sea el camino más adecuado plantear medidas de presión, sino que al contrario, es generar un espacio para dialogar. Ahora bien, cada empresa tiene mecanismos a los que acudir si siente que sus derechos están vulnerados. Pero no ha sido tema de conversación. No creo que sea positivo nunca conversar con una pistola puesta sobre la mesa, ni por un lado ni por el otro.