Muros Informáticos

NOTAS DE PRENSA ABRIL 2010
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Trabajar sin conexión
abril 5, 2010

Los sistemas de censura informática de China e Irán son los más sofisticados del planeta; sin embargo, hay técnicas para evitarlos, aunque eso conduzca a la cárcel

Se podría pensar que es imposible que 30 mil personas vigilen lo que están viendo, leyendo y escribiendo 300 millones al unísono, pero lo cierto es que la "gran muralla china de internet" funciona con eficacia. Una encuesta del Pew Research Center encontró que el 80% de los chinos piensa que internet debe ser controlada y el 85% cree que debe ser una tarea del gobierno. Cientos de sitios están bloqueados y portales como YouTube, Flickr y Wikipedia, están seriamente restringidos para que nada perjudique lo que el régimen ha llamado una "sociedad en armonía".
El mecanismo más popular y sencillo para controlar el tráfico en Internet es filtrar por la dirección IP �una serie de números única en el mundo para cada máquina o red conectada a Internet� o por URL �nombre localizador� de destino. "Este método sería el equivalente a bloquear un número telefónico de manera de nunca enviarle llamadas", explicó Santiago Paz, coordinador del Centro Nacional de Respuesta a Incidentes de Seguridad Informática (Certuy) de la Agencia para el Desarrollo del Gobierno de Gestión Electrónica y la Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic).

China prohíbe el acceso al sitio de Amnistía Internacional (entre otros 18 mil sitios) y aunque se ingrese el nombre de fantasía (amnesty.org) o la IP (78.136.0.19) el resultado es el mismo: de la página no aparece ni un byte. Para lo último se bloquean (los técnicos dicen que se "envenenan") los Domain Name System (DNS), es decir, los directorios que traducen las direcciones a la combinación numérica. Los DNS están en manos de los proveedores de acceso a la Red (ISP) por lo que los estados pueden pedirle que se "autocensuren" para derivar la solicitud a una página menos crítica como hacía Google en China.

Un método de censura más sofisticado es el análisis del contenido del tráfico. La tecnología de la "gran muralla china de internet" bloquea todo lo que encuentra a su paso que incluya alguna de las palabras o frases que considera ofensivas. "También analiza digitalmente las imágenes", apuntó Paz. Por ejemplo, un internauta chino nunca encontrará fotografías de la masacre de la plaza de Tiananmen de 1989 �una manifestación estudiantil que fue duramente reprimida�, sino vistas turísticas de esa zona del corazón de Beijing. Este sistema filtra también cualquier paquete de datos (por ejemplo, un video) por nombre o contenido cada vez que pretende ser descargado.

El caso iraní. Irán, que nada tiene que envidiarle a China en lo que respecta a control del discurso en línea, posee un sistema centralizado de filtrado a nivel del ISP que avisa directamente a la ciberpolicía cada vez que aparece un término de la "lista negra", por ejemplo, la mención a un movimiento feminista o a una minoría religiosa. Si el proveedor de internet no regula los contenidos, la ley contra delitos informáticos autoriza a su suspensión temporal o permanente. Un funcionario iraní declaró en 2008 que al menos 5 millones de páginas eran víctimas de la censura.

Además, Irán es el único país en el mundo que ha establecido un límite explícito para la velocidad de acceso a internet para los hogares y cibercafés: 128 kilobytes por segundo (KB/s), una cifra inferior a los primeros ADSL operativos en Uruguay. La intención es que el usuario tenga dificultades para descargar contenido multimedia potencialmente ofensivo. El licenciado en informática y consultor Martín Barretto explicó que con esta conexión y, en el mejor de los casos, logra descargar 10 megas en 11 minutos, 20 veces más lento que una conexión promedio en América Latina.

Tácticas del hacker. Una forma de saltar por encima de estos muros informáticos es el mecanismo de conexión a escritorio remoto. Barretto comentó que el internauta de una red intervenida podría conectarse a una máquina de una red libre, ubicada en otro país, si conoce la IP, usuario y contraseña de su dueño y si su servidor ISP no tiene bloqueada dicha terminal. "Al compartir esta información, el primer usuario se conecta a través de otro proveedor de Internet e inicia sesión como usuario local. Lo que recibe es la pantalla de la otra computadora, lo cual es más difícil de filtrar por el ISP original porque, en vez de filtrar por el texto, debería filtrar por el contenido de las imágenes recibidas", dijo Barretto a El Observador.

Otra opción es conectarse a través de sitios web denominados "proxies" que modifican la URL bloqueada solicitada "para engañar" al ISP. Por su naturaleza, estos proxies no están operativos por más de un par de semanas. Luego cambian de dominio o de dirección IP para no ser encontrados por las autoridades.

Agujeros negros. Corea del Norte es un verdadero agujero negro en el ciberespacio. Solo existe una intranet con 30 sitios autorizados por el gobierno y únicamente accesibles para el círculo más íntimo del premier Kim Yong-il. Los extranjeros deben pagar hasta US$ 10 por una hora de conexión. En respuesta, hay un creciente mercado negro de celulares conectados a la red china.

Cuba también es un agujero negro pero solo para aquellos que no pueden pagar hasta US$ 6 por una hora en un cibercafé en un hotel. Raúl Castro autorizó la venta de computadoras a cubanos en 2008 pero la conexión a la red internacional solo es concedida a unos cuantos privilegiados, a pesar de que algún día se dijo que era "un derecho fundamental" de los isleños. Menos del 2% de una población de 11 millones de personas accede regularmente a internet.

A la red nacional, compuesta por unas decenas de sitios oficiales (.cu), se accede tras pagar US$ 1,50 en un cibercafé donde el usuario debe dar su nombre y número de identidad y donde tiene prohibido usar dispositivos para almacenar o transportar datos.

Los blogueros contrarios al régimen publican sus artículos gracias a amigos en el extranjero. Según un informe de Reporteros sin Fronteras (RSF), los internautas cubanos pueden ser condenados a 20 años de prisión si publican un texto "contrarrevolucionario" en una página extranjera, y a cinco años si se conectan a la red internacional de manera ilegal. l