Miedo a competir; freno al desarrollo. ANALISIS

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EL OBSERVADOR | ECONOMIA | 24/04/2012  | Pág. 14
Miedo a competir; freno al desarrollo. ANALISIS

ANTEL se abraza del monopolio en telefonía fija para extenderlo a los servicios de internet, aun cuando no haya amparo legal para ello.

Aunque muchas veces se dice que un monopolio es la ambición de cualquier empresario, la frase debería ser ajustada a otra. Un empresario se caracteriza por emprender, por arriesgar, por buscar la máxima rentabilidad para lo cual debe definir con inteligencia objetivos y una estrategia para cumplir los mismos.

Un buen empresario se maneja bien ante la competencia, quiere ganar, asume el desafío de manejarse frente a otros operadores y se tiene confianza para salir airoso.

Uruguay ha tenido cultura de monopolios vinculados a empresas públicas y a otros bienes y servicios. Como por ejemplo durante mucho tiempo la leche.

A Conaprole no le debe haber hecho gracia la decisión de habilitar otros competidores, pero el resultado de largo plazo fue que mejoró la calidad y diversidad de sus productos.

La capa gerencial de empresas públicas, en general, ha sufrido una adicción al monopolio, como garantía de determinados privilegios de estabilidad, lo que -visto de otra forma- también es mediocridad por temor a la competencia y, de esa forma, pérdida de oportunidades de crecimiento personal.

El monopolio que ANTEL tiene en la telefonía fija ha sido con amparo de legislación en la materia y con la dificultad para que otra empresa pudiera poner una línea de cableado alternativa, por una razón de costos.

Pero llegó la telefonía inalámbrica y como ahí sí hubo competencia, los precios bajaron, la calidad fue mejorando, y el cliente se aprovechó buscando la mejor opción.

Tanto como para sustituir al propio teléfono fijo por uno móvil, pero usándolo en su casa.

El desarrollo económico está ligado al mejor uso de la tecnología. ANTEL se abraza del monopolio en telefonía fija para extenderlo a los servicios de internet, aun cuando no haya amparo legal para ello.

Los servicios son peores que en otros países y eso perjudica a muchos, por ejemplo, a las empresas que usan internet menos ágil que otros países y a particulares que trabajan "a distancia".

¿Entonces? ¿Seguir así para satisfacer la sed monopólica de los burócratas mediocres? ¿O reconocer que no hay amparo legal para las barreras a la competencia y permitir el desarrollo?