¿Ley de Medios, ley de cuarta o no-ley? (Parte I)

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 ¿Ley de Medios, ley de cuarta o no-ley? (Parte I)

Por Gonzalo Perera

Recientemente el diputado nacionalista Jorge Gandini, también conocido como «Brad Pitt», por su aquiescencia para subirse oportunamente a bordo del Titanic que identificó con Lacalle, sumó su voz a la máxima «No hay mejor Ley de Medios que la que no existe, la mejor regulación es no regular nada».

Y digo «sumó» porque, como los informativistas del sistema feudal de medios de comunicación del Uruguay (consistente en el Principado de Montecarlo, el Condado de la Saeta y el Ducado de la Tele) se encargaron de enfatizar, el titánico diputado nacionalista estaría en consonancia con las manifestaciones del vicepresidente de la República Danilo Astori, realizadas ante medios locales y argentinos, y del mismo Presidente, Pepe Mujica, vertidas en una entrevista en la Revista «Veja».

Y digo «estaría», porque al menos en el caso del Pepe, el mismo relativizó posteriormente sus declaraciones, por lo cual se puede pensar que fue mailinterpretado, o bien que como dijo una cosa, nos dijo la otra y no podemos tener certeza absoluta de qué está pensando nuestro campechano, a menudo pícaro y no pocas veces sorprendente, compañero Presidente.

Lo cierto es que desde hace ya un buen tiempo una Comisión TécnicoConsultiva (CTC) instalada por la Dirección Nacional de Telecomunicaciones (DINATEL, dependencia del MIEM), viene trabajando en un anteproyecto de ley de medios. Por lo cual cabe analizar qué suerte cabe esperar que tenga este trabajo y su posterior consideración parlamentaria.

Dentro de la CTC están compañeros que cumplieron un destacado rol en la confección y promoción de la aprobación de la ley de radios comunitarias, posiblemente uno de los escasos logros en materia de medios obtenidos durante el primer gobierno del Frente Amplio. Entre ellos el propio director de DINATEL, Gustavo Gómez Germano, o el director de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UdelaR, Gabriel Kaplún. También participan representantes de ANDEBU y de distintos sectores interesados en la temática.

Quisiera ordenar la consideración del tema en cierta sucesión de preguntas.

La primera de ellas es si realmente necesitamos una Ley de Medios o si hay que dar razón a lo que dicen que dijo el Pepe, Danilo y el diputado Gandini.

Si viviéramos en una monarquía parlamentaria, realmente no sería necesaria la Ley de Medios. Parlamento tenemos y nobleza también: estamos completos.

Pero no sólo se necesita una ley de medios sino cambios muy profundos que ninguna ley garantiza. A título de ejemplo, bajo la legislación actual, el derecho a usufructuar una radiofrecuencia no es hereditario sin embargo se viene heredando desde hace 40 años. Esto no parece ser sólo materia legal sino de voluntad de que se respete lo que la ley dice y que no se utilicen subterfugios legales para torcerla. Además, si viviéramos bajo la superabundancia de bienes, sin compatriotas con necesidades materiale singentes, podríamos permitirnos que algunas familias, en honor a su ilustre nombre, paguen aportes ridículos por su derecho a pautar la agenda de la discusión pública y moldear la cultura popular. El oligopolio del braodcasting uruguayo paga un 3 por mil de sus ingresos declarados por la Tasa de Control Marco Regulatorio. Pero cánones de algunos puntos porcentuales como cualquier país medianamente ordenando establece, ni hablemos. Hay grandes volúmenes de dinero que a lo largo de décadas han ido a los poseedores de los grandes medios y que deberían haber sido destinadas a las políticas sociales.

Pero además, si don Carlos Marx viviera hoy, seguramente prestaría a los medios tanta atención como a las fábricas de zapatos o de carbón de su momento. Porque la construcción de la hegemonía cultural se hace a través de los grandes medios. Lo cual supone no solamente construir la agenda informativa, política de discusión societaria, manejando arbitrariamente quién tiene micrófono y quién no, sino además idiotizando masivamente a travésde los enlatados, Tinelli, Ricardo Fort y similares.

Que necesitamos Ley de Medios, no tengo dudas. Tengo discrepancias sobre el proceso que está llevando la Ley de Medios y sobre su desconexión con la discusión de los medios de transporte de información (banda ancha, básicamente).

Tengo temores sobre la suerte que cualquier proyecto, por más atinado que fuera, puede tener en el Parlamento una vez que entre en la discusión parlamentaria. La tradicional cercanía de los partidos blancos y colorados con el oligopolio del broadcasting por un lado y la escasa disciplina que está mostrando la bancada parlamentaria del FA en algunos temas neurálgicos, hacen poner inquieto al más zen.

Pero quizás una de las cosas que más me inquieta es el carácter «a la uruguaya » que se la pretende dar a ésta y casi toda discusión. El intento de desmarcarse de la discusión en Argentina.

Porque allí se habló claro, y se dijo: Clarín es el dueño de la verdad oficial, de la agenda el contenido, y ha sido socio de la dictadura militar, puesto y depuesto presidentes, en una suerte de versión perversa del cuarto poder.

En cambio en Uruguay, no escucho que se diga claramente que se trata de que el poder mediático no siga en manos de los mismos. Se habla de manera más uruguaya, conciliadora y tibia. ¿Es que de esa forma el tema concitará interés en las grandes masas populares o exclusivamente en el reducido núcleo depersonas que están cercanos al tema? ¿Se hará tema de discusión masivo, en centros de estudiantes, plazas, boliches y reuniones familiares? ¿Es mejor no politizar, desmovilizar, en haras de no chocar? Es fuerte el temor en el sistema político a la reacción de los mencionados medios. Quienes se rasgan varias vestiduras en torno a la libertad de expresión.

¿Pero qué clase de libertad de expresión es la que da todos los micrófonos a los mismos? Y vale examinar la conducta de dichos proivilegiados. La defensa de las libertades, entre ellas la de expresión, por cierto, es una bandera permanente del matutino "EL PAIS", el que manifiesta con orgullo su adhesión editorial a la blanca divisa del Partido Nacional, y quien cada tanto repasa, en tono apologético, la ilustre trayectoria de Wilson Ferreira Aldunate. Pero cuando Wilson se ganaba el cariño de la mayoría de los uruguayos por su férreo combate a la dictadura militar desde el exterior, incluyendo aquellos cassettes de sus entrevistas en Radio Netherland, el mismo "EL PAIS" era quien desgranaba las mayores diatribas contra el "subversivo" y "sedicioso" Wilson Ferreira Aldunate. El matutino que critica y reclama autocríticas por doquier, que cuestiona líderes de guayabera o coloridas camperas, hizo algo más que vista gorda frente a los dictadores de casacas verde oliva. Apoyó el SI en el 80, a Don Alberto Gallinal y sus "insuflados" en el 82. No estamos hablando de un lapsus, trastorno momentáneo.

Estamos hablando de una dictadura sangrienta y de la actitud frente a ella. Sería interesante saber si el golpe de timón a este presente «libérrimo»se motivó en la renovación generacional, en la iluminación súbita, o en el simple acomodar el cuerpo al cambio de la realidad. Ahora la esperanza revolucionaria campea en América Latina y alentar golpes militares directos no paga, la nueva moda son los golpes mediáticos y parlamentarios.

Y en esa dirección se trabaja.

Pasar de la diatriba a la apología no es noticia, ni merece explicación alguna, tal parece. Mala memoria, la de Plaza Cagancha.Y vaya si «EL PAIS» busca enfrentar y dividir los partidos de izquierda apenas capta algún matiz entre sus discursos, con la generosa colaboraciónlamentablemente- de algunos compañeros. Y a los sectores de izquierda que se mantienen firmes en sus trece, que no abdican de sus principios y son coherentes entre sus dichos y hechos, se les acusa de arcaísmo, de sesentismo, de ultrismo trasnochado.

Merece así explicación el granito de arena ajeno, juzgando negativamente y a priori toda argumentación. La montaña oscura que reside en el propio pasado, no merece ni mención.

Sólo un ejemplo el de «EL PAIS». Ninguno de los grandes medios resiste al archivo. Y no fueron errores ni deslices, estamos hablando de complicidades sistemáticas.

Terminaría esta primera parte de la nota con una simple pregunta. ¿Alguien que esté siguiendo de cerca la discusión de Ley de Medios,se atrevería a afirmar que existe una tenue probabilidad de que los Romay, De Feo, Scheck, etc., no podrán seguir teniendo los medios que poseen actualmente? ¿Alguien supone que el parlamento está dispuesto a poner esos provilegios en riesgo? Si la respuesta es no, preparémonos para una ley de cuarta, que es mucho peor que la no-ley que dicen que proclamó el Pepe. Porque sería la consagración con agua bendita parlamentaria de un sistema antidemocrático, injusto y completamente perverso.

Si la repuesta es sí, tiene sentido seguir hablando de una real ley de medios.

Hasta la próxima.