Las tres lecciones para Europa que deja la caída de Nokia.

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CRISIS: LAS ACCIONES DE LA FINLANDESA CAYERON 47% DESDE QUE APPLE INTRODUJO EL IPHONE EN ENERO DE 2007
Moralejas. No dormirse en los laureles, no atarse a modelos exitosos en el corto plazo y no perder el vínculo con otras empresas innovadoras son los legados que la tecnológica parece destinada a enseñar al mundo empresarial del viejo continente

POR MATTHEW LYNN BLOOMBERG

Cuál fue la empresa europea más exitosa de los años noventa? Fácil. El fabricante finlandés de teléfonos móviles Nokia. ¿Y la más decepcionante de los 2000? De nuevo, fácil. Nokia. La empresa considerada en su momento un ejemplo de cómo Europa podía competir en tecnología y crear nuevos gigantes industriales, viene cayendo en una pendiente muy abrupta, hecho acentuado la semana pasada por su decisión de contratar al primer máximo responsable ejecutivo no finlandés, encargado de cambiar el rumbo de la empresa.
Y así como el avance de la empresa contenía lecciones acerca de cómo Europa podía tener éxito, su caída nos dice otro tanto acerca de por qué la región fracasa con tanta frecuencia. Nokia se durmió demasiado cómodamente en sus laureles.

Nunca estuvo dispuesta a reinventar su actividad, aunque eso significara cambiar totalmente sus productos. Nunca se ubicó en el centro de la industria de tecnología de la información, entre competidores que pudieran obligarla a seguir innovando.

Otras empresas europeas deberían analizar su destino para asegurarse de no repetirlo.

Una década atrás era la empresa más exitosa que había producido Europa en una generación. Capturó el mercado emergente de teléfonos móviles y desarrolló la marca más poderosa del sector.

Los políticos hacían cola para alabarla como un ejemplo de que Europa podía todavía prosperar en el siglo XXI. Hasta una figura como el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, atrajo la atención sobre el éxito de Nokia y su rival, Ericsson de Suecia, en 2002.

Revés de fortuna

El panorama no es tan bueno ahora. En los últimos tres años, las noticias originadas en Nokia solamente fueron malas. Desde que Apple introdujo su iPhone en enero de 2007, las acciones de Nokia cayeron un 47%. La marca de la empresa, que fue en su momento la más genial del mundo, está vapuleada. En una clasificación de marcas globales de Millward Brown Optimor este año, Nokia ocupó el puesto número 43, cayendo 30 lugares en 12 meses. Sus márgenes de beneficio fueron reduciéndose junto con el precio medio de sus teléfonos y su participación en el mercado.

Es cierto que todavía conserva más de un tercio de las ventas globales de teléfonos móviles. No obstante, parece empantanada en el medio del mercado. Los fabricantes coreanos de artículos de electrónica como Samsung Electronics lideran el principal mercado de consumo. El iPhone de Apple y el BlackBerry de Research In Motion dominan la industria exclusiva de los teléfonos inteligentes.

Liderazgo importado

La semana pasada, Nokia reconoció la magnitud de sus problemas, al contratar al jefe de unidad de negocios de Microsoft, Stephen Elop, para cambiar el rumbo de la empresa.

La cruel verdad es que pese a su participación residual en el mercado, Nokia se parece mucho a una vieja gloria. Interpretó mal la forma en que la industria de telefonía móvil se fusionaba con la computación y las redes sociales. Probablemente ya sea tarde para revertir eso. En esto hay lecciones incómodas para la industria europea.

Primero, nunca te duermas en tus laureles. Nokia llegó muy rápido a la cima de su sector. Pero una vez allí, se volvió complaciente en una industria donde la pereza es fatal. Se preocupó demasiado por aferrarse a su participación en el mercado en vez de crear nuevos productos para entusiasmar a los clientes.

Incapacidad para madurar

En segundo lugar, Nokia no estuvo dispuesta a desafiarse a sí misma. La empresa quedó atada al modelo de que los teléfonos móviles eran para llamar a la gente. No percibió que también eran para chequear el correo electrónico, encontrar un buen restaurante cerca y actualizar la página de Twitter.

Construir un gigante de la tecnología en Finlandia fue un gran logro. Pero Nokia no estaba rodeada por empresas de Internet o fabricantes de electrónica para consumo. Eso significaba que no estaba en contacto directo con ideas innovadoras, lo cual la habría obligado a poner todos los días en duda sus premisas.

Tal vez no sea demasiado tarde para que Nokia cambie. De todos modos, Europa todavía tiene empresas que dominan sectores como el petróleo, la industria aeroespacial, la industria farmacéutica, la automotriz y los servicios financieros.

Todas son proclives a traspiés similares. ¿Los fabricantes de autos se preparan en forma suficiente para la llegada de los autos eléctricos? ¿Las empresas de medicamentos están listas para la fusión de la computación y la biotecnología? ¿Los bancos están posicionados para una década en la cual haya una reducción, no un aumento, constante de deuda? Probablemente no.

Los políticos y los expertos en negocios pasaron mucho tiempo elogiando a Nokia y tratando de aprender de su avance. Deberían dedicar igual tiempo a estudiar las lecciones de su caída.

Si no lo hacen, gran parte del resto de la industria europea repetirá sus errores. Y Europa no puede permitirse perder muchos más líderes mundiales.