La revolución es móvil

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RICARDO PEIRANO
DIRECTOR DE EL OBSERVADOR

En esta era "tecnotrónica" en la que vivimos, todas las miradas se dirigen a la llamada "brecha digital" que supuestamente divide y dividirá el mundo entre los que tienen acceso a computadoras y los que no lo tienen.
Supuestamente también, los que no tengan acceso a los PC (o Macs) estarán condenados al fracaso o la pobreza o a la exclusión social. Hoy por hoy, hay 2.000 millones de personas con acceso a internet, cifra que marca quizá el ámbito de esa "brecha digital". A cerrar esa brecha se dirigen iniciativas como el Plan Ceibal o como el plan de Nicholas Negroponte One Laptop per Child (Una computadora portátil para cada niño) de modo que nadie, rico o pobre, quede fuera de la revolución digital que está transformando el mundo.
Sin pretender desmerecer en lo más mínimo a Negroponte ni al Plan Ceibal ni a otras iniciativas de similar naturaleza, es bueno recordar otra revolución digital en marcha que es quizá más importante y potente que la de las computadoras y el acceso a internet.
Es la revolución de los teléfonos celulares o móviles. Hay 5.000 millones de celulares en el mundo y dos tercios de ellos se encuentran situados en países en vías de desarrollo. Constituyen algo más que un medio de comunicarse más fácil que el grito o el tambor. Son un poderoso medio de integrarse a la economía, a la sociedad y a la civilización en definitiva.
Son los más pobres los que más provecho sacan de su celular, que se ha convertido en un medio de trabajar y de vivir. Cuántas personas situadas en los circuitos informales de la economía y de la
sociedad tienen acceso a información vital mediante un celular, cuyo precio está al alcance de todos. Un clasificador de basura, por ejemplo, puede saber mediante su celular dónde hay más basura (aunque en estos días es muy fácil encontrarla en Montevideo con solo ir a hasta la esquina) y a quién vendérsela. Y puede saber, al mismo tiempo, dónde y cómo está su
familia. Le basta mandar un SMS. Y por SMS también recibe información valiosa. Quizá el celular no le permita mejorar directamente su nivel educativo pero le ofrece posibilidades de manejo de información que son vitales para sobrevivir y prosperar. Lo que sí es seguro es que sus hijos tendrán mejor educación.
Lo más notable es que esta revolución, tan poderosa como silenciosa, se ha producido sin necesidad de intervención estatal. No se conocen iniciativas de dar un celular a cada habitante o a cada niño. Ha sido el sector privado el que ha promovido esta revolución compitiendo, innovando y bajando costos. Hay muchos países africanos y asiáticos donde esa revolución tecnológica permitió a la mayoría de la población pasar de no tener siquiera un teléfono fijo a tener uno o dos teléfonos celulares. Una etapa de desarrollo –poseer un teléfono– fue saltada por completo gracias al desarrollo vertiginoso de la telefonía celular.
Y la telefonía móvil tiene aún mucho para desarrollar. Tiene, por ejemplo, la capacidad de permitir que su servicio sea usado como un medio de pago. Y para muchas personas que carecen de cuentas bancarias implica un enorme potencial en el manejo del dinero para pagar y cobrar sus servicios. Los celulares van camino a convertirse, en mayor o menor medida, en pequeñas computadoras que permiten no solo "hablar por teléfono" sino trabajar, entretenerse y comunicarse en muy diversas formas.
Un pequeño aparato, que cabe en un bolsillo, que cabe en la palma de la mano, está revolucionando la economía y la integración social sin necesidad de que el Estado lo impulse o lo haga servicio esencial o lo regale. Y por estas razones, la "brecha móvil" se está cerrando sola, sin ataduras, subvenciones o limitaciones.