La prueba de los desafíos

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La decena de grandes desafíos que enfrentará el gobierno entrante, muchos de ellos con ramificaciones complejas, pondrá a prueba su habilidad, su firmeza y su capacidad para negociar y acordar dentro y fuera del país. El presidente electo José Mujica y su equipo tendrán a su favor buenas perspectivas de crecimiento económico, del que dependen los recursos para todas las áreas de la actividad oficial. Al sostenido consumo interno se agrega una mejora exportadora que ya se percibe en volúmenes aunque aún no en precios, a medida que amaina la crisis mundial. Afirmar este panorama, que anticipa un aumento del PBI del 4% este año, exigirá, sin embargo, ser muy cuidadoso en el gasto público para evitar el despilfarro de los últimos años de bonanza, así como asegurar un mejor clima de negocios para atraer inversión externa.
Es necesario abatir la abultada deuda externa y la alta dolarización de la economía, factores de vulnerabilidad que obstruyen recuperar el grado inversor que perdimos en 2002. También, como parte de una mayor inserción internacional, aperturista y con atracción inversora, habrá que completar tratados de intercambio de información financiera con al menos 12 naciones, única forma de salir de la lista gris de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre paraísos fiscales. Otros desafíos en el campo internacional incluyen aliviar el ahogo comercial del Mercosur y convencer a los Kirchner que terminen con tres años de ilegal bloqueo fronterizo.

El desarrollo tecnológico que propugna Mujica no empieza bien pues el Plan Cardales no fomenta la competencia. La importancia de disponer en una misma terminal de Internet, televisión y telefonía se ha diluido por la discriminación gubernamental contra las empresas privadas extranjeras con el propósito declarado de proteger a ANTEL de sus propias ineficiencias, en detrimento de los usuarios. Y el ente de comunicaciones sigue omiso en la modernización de Internet, instrumento vital de la vida moderna pero todavía atrasado en Uruguay por lentitud y estrechez de banda.

Es imperioso empezar a atenuar la marginación en que viven más de 400 mil uruguayos en barrios precarios. Para esta área es primordial potenciar la educación a tiempo completo y mejorar su calidad, favoreciendo así la integración social de miles de niños y la ampliación de su horizonte de capacidades laborales. También implica combatir la delincuencia y la tráfico de pasta base, que es un factor letal y potenciador del delito. Y en esa tarea es preciso mejorar la ciudad y solucionar el tema de los carritos de hurgadores, oprobio en el que sucesivos municipios de Montevideo han fracasado rotundamente.

El campo laboral exige corregir varios errores de la administración saliente a favor de los sindicatos, aunque las trabas que ya han puesto los gremios a la reforma del Estado y de la educación vaticinan una lucha cuesta arriba. Será difícil sacar sobresaliente en todas las asignaturas. Pero los avances que pueda lograr el nuevo gobierno, y si es posible con la cooperación de la oposición con la que parece haber áreas de acuerdos básicos, serán fundamentales para dar un nuevo impulso al desarrollo del país.