La insólita banda estrecha

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RICARDO PEIRANO DIRECTOR DE EL OBSERVADOR

Es un problema recurrente y, como tal, resurge una vez sí y otra también, aunque a ANTEL no le guste. La gran carretera del mundo moderno –internet- en Uruguay es lenta y cara en comparación, no ya con los principales países del mundo desarrollado, sino con nuestros vecinos. En el verano de 2009, mediciones realizadas por el emprendedor argentino Martín Varsavsky, mientras veraneaba en Punta del Este, ayudaron a detectar el problema de la lentitud del servicio de internet en Uruguay y sus costos elevados. Esas mediciones generaron una fuerte campaña en la web para que ANTEL bajara los precios y aumentara la velocidad de internet tanto de subida como de bajada o dejara abierta la competencia.
En aquel entonces ANTEL se cruzó de brazos. Gonzalo Perera, a la sazón vicepresidente del ente estatal, intentó minimizar esas carencias sosteniendo que no todas las empresas necesitan un súper ancho de banda. Eso es cierto, pero lo cierto es que quien quiere conseguirlo a un precio razonable no puede. Y además muchos hogares o pequeñas empresas no solo carecen de banda suficientemente ancha sino que pagan precios sustancialmente mayores que los de otros países de la región.

Se levantaron algunas voces exigiendo un cambio (entre ellas la de El Observador) y se hizo una campaña en la web pero con muy escaso éxito porque cuando alguien detenta un monopolio difícilmente le interese vender bienes o productos de buena calidad y a precios competitivos. Más bien, procurará exprimir a los consumidores mientras mantenga el estatus monopólico, que es el que tiene ANTEL en el área de provisión de internet.

Ahora el tema vuelve al tapete, pero con una diferencia. Gustavo Gómez, director de Telecomunicaciones del Ministerio de Industria, reconoce el problema de la lentitud y el costo (en Uruguay el ADSL hogareño de 2 megas cuesta US$ 60 contra US$ 30 que cuesta en Chile y US$ 23 en Argentina, aunque en este caso por una conexión de 3 megas), y reconoce que ese problema afecta la competitividad de las empresas. Es más, admite que si bien "hoy no hay respuesta al problema está en nuestra agenda plantearnos el tema". En buen romance, "tiene razón, pero marche preso". Es decir, quizá allá por 2012 o 2013 la agenda del gobierno haya resuelto "plantearse el tema", aunque no sabemos si lo habrá resuelto. Quizá solo siga "planteado" y "en la agenda", algo mejor que lo que decía Perera en 2009 pero totalmente insuficiente para necesidades de empresas y hogares.

Pero ya sobre fines de 2010 no sirve de nada "reconocer el problema", "plantearse el tema" o "ponerlo en la agenda". Uruguay necesita soluciones y las soluciones –que técnicamente no son complejas ni imposibles– requieren una decisión política. Basta una decisión política para que ANTEL amplíe el ancho de banda y reduzca sustancialmente los precios, tanto a empresas como a hogares. No es algo nuevo, no es algo mágico, no es un problema de mercado pequeño: ya ocurrió en la telefonía celular. Cuando hubo competencia real bajaron los precios, mejoraron los servicios y el número de celulares explotó, superando en la actualidad cómodamente el número de habitantes.

El gobierno del doctor Vázquez se propuso eliminar la brecha digital mediante el Plan Ceibal y, más allá de algunos problemas, lo logró. El gobierno de José Mujica debe plantearse como objetivo inmediato –de aquí a fin de año– la solución del problema de la banda estrecha y cara. Sufrirán, quizá al principio, las finanzas de ANTEL y de las empresas distribuidoras de servicio de internet pero el mercado se ampliará y se beneficiarán las empresas y los individuos, mejorando la competitividad del país y los bolsillos de sus habitantes.