Estructura del FA gana peso en decisiones políticas y de gobierno

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MANDATÓ A LA BANCADA A VOTAR LAS ALCALDÍAS; AHORA PONE EN CUESTIÓN EL PLAN CARDALES
Las exigentes reglas pensadas para favorecer consensos ahora se traducen en bloqueos. Vázquez prefirió rodearse de los jefes políticos antes que someterse a la estructura

Periodista: Claudio Romanoff de la Redacción de El Observador

Las dificultades en el Frente Amplio (FA) para definir un candidato común para la Intendencia de Montevideo se transformaron ya en la evidencia de un patrón de conflictividad interna que hace crujir las tradiciones fundacionales y genera tensiones entre la estructura partidaria y los funcionarios de gobierno.
Las aspiraciones de poder de los distintos sectores del FA se transformaron en avidez por cargos en las distintas esferas de decisión y esa actitud explica la disputa por la candidatura a la Intendencia de la capital, un puesto que se considera seguro en función del apoyo cercano al 60% que tiene la coalición en la capital.

La pelea expone en forma cruda que los reglamentos internos de la coalición de izquierda, pensados en asegurar la regla del consenso a la que fue afecto el fundador Líber Seregni, hoy han devenido en una fuente de bloqueos políticos, una verdadera pesadilla para la toma de decisiones. Esas reglas de una exigente mayoría son las que vienen exponiendo un aumento de los intereses sectoriales por encima del conjunto de la organización.

Vencidos y vencedores. Lentamente en el FA se viene imponiendo una lógica de vencidos y vencedores, más parecida a la que siempre predominó en los partidos tradicionales, donde no hay drama para dirimir las diferencias internas en las urnas.

Por ejemplo, en 2007 fue imposible designar un nuevo presidente del FA y los nombres planteados, tanto desde el entorno de José Mujica como de Tabaré Vázquez, cayeron uno tras otro. Luego vino la cuestión de la candidatura a la Presidencia, donde el Congreso habilitó una competencia en serio entre Mujica, Danilo Astori y Marcos Carámbula, muy distinta a la que habían protagonizado en 1994 Vázquez y Astori, cuya postulación fue una cuestión de principios. En el congreso de 2005, Mujica fue el candidato oficial gracias al Partido Comunista, que hoy vuelve a tener la llave de la nominación del candidato a la IMM (ver página 4).

El veto de Astori y del Movimiento de Participación Popular –más que de Mujica– a que el socialista Daniel Martínez se convierta en jefe de comunal de Montevideo es una seria amenaza de crisis si ese sector partidario se mantiene en sus trece hasta el final en procura de una ya descartada doble candidatura del Frente.

Martínez es más candidato a excluido del gobierno que a la comuna de Montevideo.

Los socialistas y también el Nuevo Espacio apoyaron a Astori en su duelo con Mujica en la interna presidencial. Ahora, mientras los rivales de ayer cooperan, Martínez y el senador Rafael Michelini –afuera del gabinete– pagan las cuentas por sus decisiones electorales en la interna partidaria.

Los aparatchiks. Durante el actual gobierno la estructura orgánica entendió en cuestiones programáticas y electorales, reflejo de las desavenencias entre la dirigencia máxima. Si embargo, los organismos de dirección del FA se cuidaron de no inmiscuirse en las decisiones de Vázquez en el ámbito de gobierno, algo en lo que ahora hay signos de cambio.

Desde su época de intendente, cuando limitó y desplazó a los vendedores ambulantes en el Centro y concedió el hotel Carrasco a privados y otras iniciativas polémicas, dejó en claro que el FA no podría imponerle ninguna decisión.

Al inicio de su gestión Vázquez, optó por el práctico mecanismo de incorporar a los jefes sectoriales en el gabinete. Con ello ahorró tiempo, obtuvo legitimidad política y se evitó los tortuosos mecanismos de decisión partidaria. Pero con olfato se adelantó a evitar un conflicto con su fuerza política al rechazar aquel Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que la mayoría de la coalición resistía.

Vázquez, a diferencia de Mujica, llegó al gobierno con el liderazgo sobre todo el FA y siempre se colocó por encima del Partido Socialista, una fuerza a la que renunció en el año 2008 por discrepar con el respaldo a una ley de despenalización del aborto.

Sin embargo, en medio de una transición que protagoniza la propia izquierda, la orgánica empezó a intervenir en decisiones del Poder Ejecutivo y el Parlamento.

Por ejemplo, la Mesa Política, un organismo de dirección en el que están representados los 15 grupos políticos y 12 delegados de base, mandató a la bancada de diputados a ratificar, tal como pretende Vázquez, la elección de más de 100 alcaldes rentados en todo el país. Un pedido de reconsideración impulsado por el astorismo y el mujiquismo no tuvo la misma suerte, ya que para levantar la primera determinación se requiere una mayoría especial. Esta vez la estructura fue funcional a los intereses del presidente.

Pero el mandatario lleva las de perder en otro ámbito que está analizando su decreto para implementar el plan Cardales, una idea que supone instalar en el país un servicio simultáneo de Internet, TV cable y telefonía. La norma dictada por Vázquez habilita que privados compitan con ANTEL en el asunto, sobre todo en el suministro de banda ancha, y ello despertó suspicacias en la interna. Primero se entrevistaron los jefes políticos del FA con el presidente y, luego, el mandatario electo formó una comisión “política” con representación de todos los sectores para estudiar el decreto.

Ese grupo de trabajo ya emitió un informe crítico de la norma aprobada por Vázquez y, en función de ello, el futuro gobierno se apresta a adoptar un rumbo nuevo para el plan Cardales en el que prime la hegemonía comercial del Estado.

El presidente electo anunció durante la campaña electoral que se propone convocar al Congreso del FA para discutir temas polémicos que dividan a la coalición de izquierda. Esa actitud le abre la puerta a la organización, cuyos referentes sectoriales hoy actúan en diferentes ámbitos, aunque la mayoría de ellos están en el Parlamento. Así que ahora los expertos en maniobras, acarreos y asambleas vuelven al gran juego y a las deliciosas miniconspiraciones.

Los organismos
La máxima autoridad del FA es el Congreso y le siguen en importancia el Plenario Nacional y la Mesa Política.

Voces con peso
Adolfo Garcé
Politólogo

El Frente Amplio es una fuerza que tiene alta conflictividad interna, es así. Jorge Lanzaro dice que cuando se creó era una coalición de partidos y ahora es un partido de coalición. Los partidos son distintos, cada uno tiene su propia estrategia y la negociación siempre es complicada. Hay normas exigentes para tomar decisiones y su estructura es densa, con muchas fracciones, algunas de las cuales buscan sus propios espacios de poder. Esas fracciones tienen ideas diferentes sobre cómo hacer cosas. Todas estas negociaciones intrincadas no son nuevas, son un episodio más de una vida siempre complicada e intrincada de la fuerza política más compleja de Uruguay.

Rosario Queirolo

Politóloga

Esta situación para otro partido político no es conflictiva. Los desacuerdos se tornan conflictivos cuando no hay consenso en el FA porque parece, tanto hacia adentro como hacia afuera, que necesitara que existiera consensos, y eso no siempre es sencillo. El FA siempre hizo mucho énfasis en eso. El FA busca el consenso, se lo demanda internamente y el propio electorado, pero por otro lado el juego se abrió a que haya competencia y entonces está en ese proceso de aprendizaje. El rol de los presidentes en este país, de querer designar a los candidatos, no siempre resulta. Esto no se puede tomar como que Mujica va a tener más paradas de carro que el gobierno anterior…

Ignacio Zuaznábar

Director de Equipos

El presidente en ejercicio y el presidente electo son dos figuras muy fuertes. Mujica, a diferencia de Vázquez, tiene una adscripción sectorial un poco más pronunciada y eso le puede dar algunos problemas. Pero no es el factor central que está pesando… Ahora tenemos un juego más equilibrado y hay más espacios para la negociación. En el plano de la definición a la Intendencia, es muy parecida a lo que ocurrió en 2004.

El FA estaba en el mismo proceso, sin encontrar candidato y había un peso muy fuerte de los sectores. El FA ha tenido desde 2005 procesos de definición más lentos que los otros partidos.