Esperando al nuevo Mujica

NOTAS DE PRENSA MARZO 2010
marzo 2, 2010
Retrato de una gestión con luces y sombras
marzo 2, 2010

EDITORIAL

José Mujica asume la Presidencia con una ambiciosa carpeta bajo el brazo, repleta de decisiones y proyectos que van desde lo razonable y factible hasta lo incierto o indefinido. Sus actitudes desde su triunfo electoral generan una dosis de esperanza, aunque atemperada por incertidumbres que solo el tiempo despejará. Pero desde que fuera electo ha logrado tender puentes valiosos con la oposición. Ha creado un clima inicial de cierta armonía en el sistema político, que beneficiará al país si persiste y fructifica, tanto en el manejo de organismos públicos y en el funcionamiento legislativo como en la incipiente negociación entre todos los partidos hacia políticas de Estado en diferentes áreas.
Alejado de la imagen de folclorismo dicharachero con que irrumpió en la escena política luego de sus años de guerrilla y cárcel, el nuevo Mujica se ha comprometido en muchos temas cruciales a seguir un curso más ajustado a la realidad que a ideologías políticas o antagonismos partidarios. A contrapelo de antiguos postulados de la izquierda, ha tendido puentes con el sector empresarial y promueve atinadamente la inversión extranjera y la prosperidad de las empresas privadas como generadoras de recursos que mejoren las condiciones de vida de la gente. Sus proyectos prioritarios incluyen la recuperación del servicio ferroviario, postergada durante la administración Vázquez por presiones sindicales, y un ambicioso programa de construcción de viviendas para erradicar cantegriles. Este último objetivo, sin embargo, enfrenta escasez de recursos fiscales y la todavía indefinida participación de presos y soldados como mano de obra.

Pueden dar buenos resultados las acciones que se van esbozando para mejorar la agrietada seguridad pública. Menos claro es el futuro de la siempre anunciada y nunca realizada reforma del Estado, tema en el que pesa decisivamente la renuencia hostil de los sindicatos públicos a todo cambio que roce sus privilegios sectoriales. Mujica sentirá la musculosa presión sindical en otros temas, incluyendo la defensa de monopolios estatales a expensas del bienestar de la población. El ejemplo más reciente es la reversión estatista en el Plan Cardales para proteger, aunque más no sea por unos pocos años, el monopolio que aún le queda a ANTEL en telefonía fija.

Pero el gran desafío que enfrenta Mujica sigue siendo la educación. Lamentablemente ni en sus pronunciamientos ni en los trabajos iniciales de la comisión multipartidaria sobre esta área se perciben fórmulas que saquen del pantano a la enseñanza pública. Los US$ 1.500 millones anuales que le asignó el gobierno saliente no han sido empleados según un plan claro y coherente para sacar a la educación del marasmo en que se encuentra. La omisión en este tema y las interrogantes sobre otras cuestiones cruciales, sin embargo, no restan mérito al hecho de que Mujica ha creado un favorable clima interno de distensión política y económica, así como de cierta confianza dentro y fuera de fronteras de que no habrá remezones tormentosos aunque la inserción internacional de Uruguay será también un tema a seguir muy de cerca. Pero le queda mucho por definir y mucho por hacer. Por el bien del país, esperamos que acierte en lo que defina y en lo que haga.