El sueño de un Facebook con bandera uruguaya

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PANORAMA FINANCIERO (SUPLEMENTO DEL OBSERVADOR) | PANORAMA | 22/05/2012  | Pág. 2

La apertura del capital de Facebook en la bolsa marcó un antes y un después para las empresas tecnológicas. Nunca una compañía en internet había alcanzado una valuación tan alta. Nunca había despertado una expectativa tan grande fuera del círculo financiero, ni había alcanzado la trascendencia que tuvo.

La fiebre llegó incluso a Uruguay. Los corredores locales dan cuenta de un importante número de clientes en cuyas carteras conservadoras las flamantes acciones de la red social adquiridas el viernes contrastan con títulos del Tesoro uruguayo, Letras de Regulación Monetaria y otros instrumentos de bajo riesgo.

Sin embargo, el éxito de Facebook, una red social que se inició con una inversión prácticamente nula y que en pocos años alcanzó a valer más de US$ 100.000 millones, da para pensar en otros aspectos, ajenos al terreno financiero.

Históricamente, las grandes empresas nacieron en el mundo desarrollado. Y esa afirmación jamás necesitó grandes argumentos. A nadie se le ocurría en el siglo XX cuestionar por qué las grandes potencias eran el semillero de las ideas de punta, de los procesos innovadores y de las nuevas tendencias. Para eso se necesitaban recursos humanos, una visión de largo plazo pero, sobre todo, capital. Invertir millones en investigación y otros tantos para trasladar los nuevos inventos del terreno de las ideas al de la realidad.

Hoy los tiempos cambiaron. internet es un campo riquísimo de la inventiva con perspectivas inmensas de desarrollo, donde las fronteras, las limitaciones financieras y las dificultades logísticas no existen. Las oportunidades están a la orden del primero que las aproveche, sea estadounidense, chino o uruguayo. Ya no es claro por qué las empresas de punta de internet deban tener su origen en los mismos países de siempre. Pero sí es claro por qué a Uruguay le cuesta tanto desarrollar este tipo de emprendimientos.

Salido de un sistema educativo concebido en la primera mitad del siglo XX para estudiantes de la primera mitad del siglo XX, difícilmente Mark Zuckerberg hubiera aspirado más que a comprender y a explotar las ideas de otros.

La cultura de los uruguayos tampoco le habría ayudado demasiado, premiando la seguridad y castigando el riesgo. Su familia habría preferido que fuera abogado o contador, y le habría festejado más la obtención de un empleo público que el desarrollo de su propio emprendimiento.

Uruguay hoy puede apostar a la formación de profesionales en las tecnologías de la información porque tiene las ventajas competitivas para hacerlo. Solo debe enfocarse y jugar fuerte. Debe ir en contra de su historia y sus limitaciones culturales. Pero no es un cambio que le corresponda al gobierno sino a los uruguayos.