El monopolio en problemas

Google comenzó su batalla al iPhone
febrero 2, 2010
Al final de su gestión Vázquez apura proyectos, cortará cintas e irá a México
febrero 2, 2010

El Plan Cardales propone un oligopolio del triple play en el que ANTEL sería el dominante
POR DANIEL FERRERE

El Plan Cardales propone que ANTEL y los operadores privados de TV por cable ofrezcan una combinación de TV, Internet y telefonía llamado triple play. Solo cuatro empresas –tres privadas y una pública– podrían dar los tres servicios a la vez. Los demás podrán dar Internet pero no TV, o TV pero no telefonía. Pero las tres cosas a la vez, solo estas cuatro.
La explicación que se ofrece es que si no se hace esto ANTEL perderá el monopolio de la telefonía fija. Y por eso se propone crear un oligopolio en el que ANTEL sería el dominante, apoyado en el control de la infraestructura del cable. Como la tecnología deteriora el monopolio de la telefonía por cable, se crea el oligopolio del triple play.

Personalmente nos parece que el problema es más complicado que eso. Creemos, además, que el tema no está suficientemente transparentado, y que las decisiones implícitas en el Plan Cardales merecen ser más discutidas.

Empecemos por el principio. La telefonía fija ya se acabó. Desde principios de los noventa se sabía que iba a pasar. Recordamos al respecto nuestras conversaciones con empresas internacionales de telefonía cuando se quiso privatizar ANTEL. Algunas nos decían que no se iban a presentar porque la telefonía fija no tenía futuro, y otras nos decían que se presentaban porque el plazo de retorno de la inversión era menor al tiempo que tardaría la telefonía fija en desaparecer. Pero nadie, absolutamente nadie, apostaba a la telefonía fija. Todos sabían que ese negocio se iba a terminar.

Hoy ya hay casi cuatro veces mas teléfonos celulares que fijos, y los precios se han acercado tanto que las ventajas y los costos se compensan. Ahora viene la telefonía por Internet. En el cortísimo plazo la tecnología de voz sobre IP va a pasar a ser directamente competitiva no solo en costos –que ya lo es– sino en calidad. Y después vendrá la telefonía satelital, u otra cosa, porque el progreso técnico sigue adelante por más monopolios que inventemos.

Ante esta realidad, quedan dos caminos. El primero es tratar de mantener la preeminencia modificando el monopolio a medida que se va desgastando. Los canales de TV para abonados hace ya tiempo que vienen pidiendo que se les permita dar Internet sobre su cable, y no hay razones legítimas para impedírselo. La única razón por lo que no se los autorizó, fue para que no compitieran con ANTEL. Y como eso no es sostenible el Plan Cardales propone asociarlas, sustituyendo el monopolio de la telefonía fija por un nuevo oligopolio en el que en lugar de competir, estén todos asociados.

¿Tiene esto sentido? ¿Por qué la alianza con estas empresas privadas y no con otras? El Plan Cardales dice expresamente que no se admitirá a ningún extranjero en el oligopolio, de manera que ninguna de las que ya están ofreciendo telefonía celular, y que también ofrecen Internet, podrá ofrecer TV, Internet y telefonía. Las que están ofreciendo hoy TV, por el contrario, podrán ofrecer telefonía e Internet. ¿La discriminación tiene lógica? ¿Cuál es la razón para preferir a unas sobre las otras? La única explicación parece ser que en un oligopolio con tres empresas nacionales ANTEL sería dominante, mientras que no podría hacer lo mismo con una extranjera de comunicaciones. Pero el precio parece muy alto: para defender el monopolio público creamos un oligopolio privado, aumentando el poder de empresas que ya disfrutan de un oligopolio en su sector. ¿Es eso una buena señal para el futuro económico del Uruguay? Lo dudamos sinceramente.

Está, también, el tema internacional. Uruguay se ha comprometido por más de veinte tratados de inversión a no discriminar respecto de los extranjeros. ¿Qué justifica esta discriminación en el Plan Cardales? No sabemos. Y menos si recordamos la historia de la TV cable. Porque en la década del noventa, cuando se llevó por primera vez a licitación para el servicio de TV para abonados, también se prohibió participar a los extranjeros. Solo para eliminar la prohibición unos años más tarde, cuando uno de los ganadores iniciales quiso vender su licencia. ¿No pasará lo mismo en este caso?

¿Cuál es, en definitiva, el mensaje que queremos dar a nuestra economía? Aprobamos una ley de defensa de la competencia, pero una y otra vez tomamos por caminos abiertamente contrarios a la competencia. Las empresas que se asociarían con ANTEL en este caso tienen una muy fuerte tradición anticompetitiva. Durante años no solo se han beneficiado de un oligopolio, sino lo han ampliado y extendido. La Ursec ha tratado de limitarlas, sin mayor éxito. Y lo que hacemos ahora es premiarlas con más oligopolio.

El Plan Cardales nos parece una mala idea. Puede ser que no nos guste aceptar que el monopolio de ANTEL esté desapareciendo, pero nos guste o no, el resultado es el mismo. Y no va a cambiar por el hecho de que creemos más protecciones. Solo tardará un poco más. Lo único que va a durar es el oligopolio privado.

A nuestro juicio, el único camino que le queda a ANTEL es el de competir, y ser una excelente compañía, sin muletas. ANTEL tiene ventajas derivadas de su actual participación en el mercado, y de la adhesión de los uruguayos a las empresas de propiedad estatal. Tiene buena gente, comprometida con lo que hace y con su empresa. Cierto es que eso es solo un punto de partida, pero es mejor que confiar en restricciones reglamentarias que no van a poder detener el futuro.

ANTEL va a tener que pelear con inteligencia, buen gerenciamiento, y con inversiones, muchas inversiones. Y también sin muchas cosas. Sin intromisión política en su dirección. Sin manejo político de los reclamos corporativos. Sin prejuicios que le impidan aliarse con quien más le convenga. Sin procedimientos burocráticos impuestos por quienes creen en el poder mágico de los papeles. Con estímulos y castigos, a todos los niveles. Sin incesantes discusiones sobre una soberanía que nada tiene que ver con su negocio, y que solo es una excusa para bloquear el cambio. Y probablemente deba abrir su capital como lo han hecho Petrobras o Embraer sin que nadie muriera y sin que la independencia de Brasil estuviera en juego.

Ser propiedad estatal, total o parcialmente, no necesariamente quiere decir ser ineficiente. Y si se es ineficiente, nada se arregla con oligopolios.