El Día de Internet

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RELATO
El lunes se celebró en todo el mundo el Día Mundial de Internet. Mire si estaremos tecnificados que Uruguay fue el único país del planeta en tomárselo como feriado

ERNESTO "BIMBO" DEPAULI DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR

En realidad es el Día Mundial de Internet, de las Telecomunicaciones y la Sociedad de Información, pero como la celebración fue promovida por un grupo de nerds informáticos, quedó como Día de Internet y listo.
Con motivo de la fecha se llevó a cabo un foro de e-reflexión. Así como lo lee, un foro de reflexión electrónico. No me quedó claro si lo electrónico es el foro o la reflexión, pero el asunto es que, entre otras cosas, los foristas se preguntaban qué hubiera sido de nuestra historia si no hubiera existido internet.

La respuesta es bien sencilla: nuestra historia hubiera sido prácticamente la misma, solo que nos habríamos enterado después. La humanidad como tal no sería muy diferente si la red no existiera, tal vez sería un poco peor o un poco mejor, pero internet no hace que quienes acceden a ella vivan mucho mejor que los que no, sino todo lo contrario, son los que viven mucho mejor los que pueden acceder a internet.

El asunto es para qué usamos internet. La mayoría no la utiliza para otra cosa que no sea pasar el rato y buscar tonterías que muchas veces podría encontrar en cualquier otro lado con más facilidad. Hace una veintena de años, si usted quería saber el significado de la palabra gaznápiro, se paraba de la silla, agarraba el diccionario y listo. Ahora, gracias a internet, tiene que pararse de la silla, ir hasta la computadora, encenderla, esperar que se inicie y que aparezcan todos los iconitos en la pantalla, conectarse, buscar un diccionario y decidir cuál de los cientos de definiciones contradictorias es la correcta. Cinco de cada diez veces elegirá la que no es.

Entonces� ¿para qué sirve realmente internet? Es cierto que nos permite enterarnos de un montón de cosas en relativamente poco tiempo, pero también es cierto que la mayoría de esas cosas no sirven para nada. Gracias a internet podemos acceder a los últimos descubrimientos científicos y avances de la tecnología, pero casi ninguno de nosotros es capaz de comprender cabalmente para qué sirve que el acelerador de neutrones del CERN haga colisionar hadrones, mientras todos podemos entender con claridad que un cargamento de pianos cayó sobre un asilo de ancianos en Eslovenia. Y está claro que esto último no influye un ápice en la vida de uno, a no ser que tenga un tío viejo en Eslovenia o haya pensado en importar un piano del mencionado país de Europa Central. De todos modos, la página con la noticia de los viejitos aplastados será visitada por millones de personas de todo el mundo, que no buscan sino satisfacer su morbo, hurgando entre las fotos a la espera de la aparición de un cadáver mutilado o un piano sobre la cabeza de alguien.

Siendo realistas, el morbo es lo que mueve a un alto porcentaje de los usuarios de la red de redes. Si no lo cree, seleccione buscar imágenes en Google y escriba una palabra al azar. Verá que tarde o temprano aparece alguna imagen relacionada con el sexo. Lo he probado con cientos de palabras y nunca falla.

Es que de nada sirve internet, o cualquier avance tecnológico, si quien lo utiliza es un idiota. Y teniendo en cuenta que la cantidad de idiotas supera con creces al resto de la población y aumenta día a día, sería bueno preguntarse si vamos por buen camino. Podemos conectarnos a la red para activar el GPS de nuestro celular, pero no sirve para nada tener un aparato que nos indique el camino si no sabemos adónde ir.

La gran ventaja de internet es que nos permite relacionarnos con otros desde el anonimato, ser públicos y populares desde lo privado, fingiendo que no somos quienes somos sino quienes hubiéramos querido ser. Desde internet podemos despotricar sin temor a que nos golpeen en la nariz, piropear señoritas sin miedo al despecho y hurgar en la vida de los demás sabiendo que no van a descubrirnos.

Internet es un gran avance, pero está muy lejos de ser la panacea. Claro que la realidad virtual es más bonita que la real, los cachorritos que nos mandan de regalo a través de Facebook no hacen pis en la alfombra, los abrazos y besos virtuales no nos obligan a ser fieles con quienes nos los envían y no es necesario invitar a la fiesta a quienes nos saludan por nuestro cumpleaños.

La humanidad no hubiera sido muy diferente sin internet, ni tampoco habría cambiado demasiado el curso de la historia si hubiera aparecido antes. Como mucho, en agosto de 1940 Frida Kahlo hubiera puesto en su estado de Facebook "ha muerto Trotsky", y debajo veríamos un cartelito diciendo "a Stalin le gusta eso". Tal vez, unos años después, también veríamos algo como "Marilyn Monroe es amiga de JFK y seis senadores demócratas más", o siglos antes, "Alejandro Magno es fan de conquistar Persia, apretar las burbujitas de los envoltorios de nailon y 10 páginas más".