El continuismo en zigzag del presidente electo

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 ANALISIS

Mujica mostró que no vacilará en revisar aspectos de la gestión de Vázquez y fortalece su liderazgo político

Periodista: Claudio Romanoff.

Antes de asumir, el presidente electo José Mujica envió claras señales de que no vacilará en cambiar el rumbo respecto a la actual gestión del presidente Tabaré Vázquez, alguna de las cuales tiene el apoyo del vicepresidente electo Danilo Astori, con quien formalizó una alianza política para las elecciones municipales en Montevideo. El viraje no parece brusco, pero alcanza para sospechar que, para Mujica, el camino del vazquismo es lo suficientemente ancho para un zigzag entre los márgenes.
El asunto es que el mandatario electo se siente con las manos libres para actuar según su propia impronta en la gestión y, también, respecto a su interacción con el Frente Amplio. Mujica está anunciando que él no es Vázquez y que se terminaron las reverencias. El ex guerrillero puede asumir el desafío a un liderazgo que, en el llano, Vázquez está en condiciones de defender. Eso sí, la pelea será fraternal, a los abrazos.

Además de aproximarse al matrimonio Kirchner para buscar una salida al conflicto por Botnia y dialogar contra la política oficial de no negociar con los puentes bloqueados, Mujica tiene sobre la mesa el consejo de sus asesores a favor de modificar dos decisiones personales del actual mandatario.

Uno de ellas refiere a la aplicación del Plan Cardales, un proyecto para ofrecer el servicio conjunto de TV para abonados, banda ancha y telefonía. Una comisión creada por Mujica para evaluar el asunto recomendó limitar la participación de agentes privados a favor de ANTEL, otra concesión hacia los sindicatos, custodios del estatismo y otros pensamientos primitivos de la izquierda.

El otro refiere a la creación por ley de las alcaldías, enraizadas en un concepto de descentralización política muy caro a Vázquez. El argumento del Movimiento de Participación Popular y del astorismo es que no hay tiempo ni infraestructura suficiente para poner en práctica una elección simultánea a las municipales de mayo que supone elegir a más de un centenar de personas, entre alcaldes y consejales, en todo el país. Además del impulso del presidente, las autoridades del Frente Amplio ya rechazaron la idea de aplazar esos comicios. En realidad, aunque nadie lo dice en público, la creación de alcaldías rentadas con presupuesto propio significa la instalación de feudos burocráticos que se asemejan a la creación de los centros comunales en Montevideo, donde poco se resuelve sin la anuencia de autoridades centrales. Más allá de la intención de acercar el poder a los ciudadanos, las alcaldías significan más cargos políticos, más controles, más gasto público y una traba para un alivio impositivo.

Mujica adoptará o no decisiones contrarias al presidente, pero su actitud con relación al conflicto con Argentina indica que su interpretación de la continuidad no necesariamente es la de Vázquez. La conformación de su gobierno lo marca. Eligió un gabinete con poco peso político –no están los líderes sectoriales a diferencia del que integró Vázquez al asumir–, algo que abre un amplio espacio de influencia para su mano derecha y vocero, Eduardo Bonomi, y para él mismo. Mujica, al revés de Vázquez, llega a la Presidencia sin el liderazgo de todo el Frente Amplio y ya empezó a construirlo con alianzas políticas hacia las municipales de mayo.

Su respaldo al candidato del astorismo en Montevideo, una prueba de la lealtad del vicepresidente electo en la campaña electoral, quizá sea una apuesta a que el gobierno gire en buena medida en torno a lo que fue la fórmula electoral y a tratar de atraer a quien es visualizado como un aliado de Vázquez. Mujica ya se mueve y para seguir su rumbo es necesario seguir la huella. Pero es seguro que no visitará seguido el Prado.