El anatema de competir

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La comisión designada por el presidente electo para analizar el Plan Cardales le ha recomendado a José Mujica empeorar aun más el defectuoso nacimiento del proyecto. El objetivo es proteger a ANTEL de la competencia, dándole una especie de monopolio limitado. Por varias razones es indefendible tanto el curso tomado inicialmente como este nuevo giro sobre la introducción del triple play en el país. Discrimina contra la inversión extranjera, pese a los tratados que comprometen a Uruguay a no hacerlo. Contraría la vigente ley de defensa de la competencia. Y perjudica a los usuarios al coartarles la libertad de elección y someterlos a un único servicio dominado por el ente estatal, pese a sus notorias claudicaciones actuales en el manejo de Internet.
El triple play, que permite recibir en una sola terminal Internet, televisión y telefonía y que existe desde hace años en muchos países, baja costos para los usuarios y les asegura calidad y rapidez siempre que su manejo sea eficiente. Este último requisito fue restringido desde que el presidente Vázquez anunció el Plan Cardales, al excluir a las grandes empresas internacionales y limitar la operación a ANTEL y a las empresas locales de televisión por cable, que pasarían a competir con el ente estatal. Pero aun esta competencia a medias provocó la oposición del sindicato de ANTEL y de sectores del Frente Amplio que comparten su visión de estatismo exacerbado.

Ante la exigencia de estos grupos de irrestricto monopolio público, la comisión designada por Mujica tomó el sendero equivocado de monopolio atenuado. Le ha recomendado al presidente electo que ANTEL ejerza un papel dominante, limitando la presencia privada a alguna forma de asociación con el ente. Bajo la concepción de Vázquez se excluía a las empresas internacionales –aunque son las más eficientes, como lo ha demostrado la telefonía celular– pero al menos se autorizaba a tres grupos privados locales a competir con ANTEL. En el nuevo plan elevado a Mujica desaparece toda competencia y el papel privado se limita a asociarse a ANTEL para que, bajo la égida estatal, asuman aspectos del suministro del triple play.

Las conclusiones de la comisión empeoran lo malo y van en detrimento no solo de la población sino de la propia ANTEL. El servicio estatal en telefonía celular mejoró notoria y forzosamente cuando el ente debió competir con dos fuertes empresas extranjeras. El resultado benefició a toda la población con tecnología cada vez más avanzada y a menor precio. Esta evidencia se aplica igualmente al triple play. La libre competencia con empresas privadas, locales y extranjeras forzaría a ANTEL a dar un salto tecnológico. Es la mejor forma de proteger el ente público al impulsarlo a mejorar ante el desafío de la competencia privada. La peor forma es cerrarlo a la competencia porque se le quita el aliciente para modernizarse. Es una realidad obvia que debe inducir a Mujica a descartar los parches que le han recomendado, porque perjudican a la población y atrasan el país.