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EL OBSERVADOR | OPINION | 22/05/2012  | Pág. 10
Competir es ganancia para todos. EDITORIAL

La exclusividad de ANCAP en la refinación de combustibles ejemplifica el error de mantener monopolios en un país que pretende desarrollarse. Una destilería impráctica por su tamaño minúsculo y antigüedad y un exceso de personal pone al ente a la cola de empresas de otros países en eficiencia productiva y promedio de rendimiento laboral. La persistencia en los empeños monopólicos del Estado, sin embargo, pierde sustento ante el hecho de que en ese mismo ente estatal funcionan dos empresas que prosperan gracias a la libre competencia con firmas privadas. Rompe los ojos la realidad irrebatible de que a una empresa pública le va mejor en rédito financiero y avance tecnológico cuando pasa de la rígida tranca del monopolio a competir en pie de igualdad con empresas privadas en algunas áreas, obligándola a mejorar tarifas y calidad de servicios en beneficio global de los usuarios.

Además de ANCAP, la evidencia más notoria se ha producido en el campo de las comunicaciones. Pese a los pronósticos sombríos de los defensores del atraso, ANTEL ha logrado una sólida posición en el mercado de la telefonía celular al modernizar servicios en dura competencia con dos grandes empresas multinacionales con el resultado de dar mejor servicio, bajar precios y aumentar los beneficios. También hay que recordar el mercado de los seguros, que se desmonopolizó excepto para accidentes de trabajo en 1992. Desde entonces, el Banco de Seguros viene compitiendo con compañías privadas y ello ha llevado a un mejor servicio al cliente. ¡Quién no recuerda los trámites que había que hacer y el tiempo que se perdía cuando uno sufría un pequeño choque en su automóvil o le robaban la casa!

Algo parecido a la conveniencia evidente de la competencia libre en telefonía celular ha ocurrido con CABA y Ducsa, dos empresas propiedad de ANCAP. Ducsa, que compite con empresas privadas en la distribución de gas y otros combustibles, cerró el año pasado con una ganancia récord de más de US$ 16 millones. Y CABA, en libre competencia con el sector privado en bebidas destiladas, otras formas de alcoholes y solventes, muestra ganancias crecientes en los últimos dos años, desde que en 1996 cayera el monopolio en alcoholes de la empresa estatal.

La parcial disminución gradual de los monopolios del Estado venía avanzando lentamente desde la década de 1990, en beneficio de la población y del desarrollo tecnológico del país. La tendencia ha sufrido ahora un retroceso en el caso de la fibra óptica, error que el gobierno está aún a tiempo de corregir, evitando contradecir su anunciada política de la libertad de competencia como curso lógico para que el país se aproxime al mundo desarrollado. Se ha informado que el presidente Mujica es partidario de que las empresas públicas se rijan por el derecho privado, para darles una flexibilidad operativa de la que hoy carecen. Este camino y los ejemplos de empresas de ANCAP, BSE y ANTEL que compiten en algunos rubros con empresas privadas son vías lógicas hacia la modernización del país, que es indispensable expandir en todo lo posible en vez de mantener monopolios públicos o, peor aun, de extenderlos a áreas en las que todavía no rigen.