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Aire libre y banda ancha.

Con escasez de internet, hasta las vacas dejan de ser competitivas
EDUARDO BLASINA ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR

Para Uruguay implementar la trazabilidad es crucial. No hay opción. Es fundamental disponer de una excelente base de datos que monitoree los movimientos de cada uno de los 12 millones de vacunos. Con eso se compra la tranquilidad de los consumidores del mundo y así mejora el acceso a los mercados. Estamos a semanas de ganar el acceso a una importante cuota de carne en Europa gracias a ese agregado de información. Es jugar en el primer mundo con destaque.

Pero cuando la semana pasada empezó a operar, al sistema le saltaron los tapones. El flujo de información de los productores al Ministerio de Ganadería y de allí a los frigoríficos ha tenido varios cuellos de botella. Y entonces en los frigoríficos, los inspectores ministeriales mandaron para atrás a los ganados por falta de información. El sistema combina el envío de datos por correo y por internet. Los operadores encargados de recopilar datos de ganado y enviarlos al Ministerio de Ganadería se subieron a los techos de sus casas para "agarrar señal" y mandar información por internet, o se treparon a las lomas. Algunos, después de muchos minutos de esperar, lo lograron. Pero otros no. Otra información viajó por correo y muchos productores que mandaron los papeles con más de un mes de antelación, no lograron que fueran registrados. Estos inconvenientes fueron la causa de que la faena de vacunos bajara más de 10% la semana pasada.

Era esperable que eso pasara para cualquiera que mirase los rankings de ancho de banda. Uruguay está en el puesto 150 en la capacidad de envío de datos. Esto quiere decir que el hogar promedio uruguayo tiene menos capacidad de mandar datos vía internet que el hogar promedio afgano. El "caño" por el que viaja la información aquí es muy angosto. Y dentro de Uruguay los hogares rurales tienen mucho menos ancho de banda que el promedio.

Cuando se habla en Uruguay de logística se suele discutir sobre silos, camiones y barcos. Cuando se discute sobre descentralización, no se incluye la catastrófica disponibilidad de ancho de banda que tiene Uruguay en general y las zonas rurales en particular. Y llega un punto en que todo el esfuerzo exportador en un negocio que deja más de US$ 1.000 millones por año y nos permite el enorme lujo de ser el país con más consumo de carne vacuna por habitante, se queda en un cuello de botella.

Como la tecnología de las telecomunicaciones evoluciona a una velocidad vertiginosa que cada 18 meses duplica la potencia de las prestaciones, los usuarios urbanos no se percatan de que estamos en la cola mundial de velocidad de transmisión de datos.

"Los productores dejaron todo para último momento, es una característica propia de los uruguayos", argumentó un funcionario del Ministerio de Ganadería.

"Del Estado son todos los derechos, de los ciudadanos todas las obligaciones", me comentó decepcionado un productor que se lleva muy bien con las tecnologías.

La demora de Uruguay en reformar el Estado está generando grietas de un ancho relevante. Por una de esas grietas cayó el director nacional de Telecomunicaciones. Alguien que viene de un ecosistema donde la competencia es incuestionable, como son las radios comunitarias, muchos suponen que su pretensión de abrir sectores a la competencia sea lo que no gustó de su estrategia.

Había cerrado su discurso de asunción afirmando: "Un marco regulatorio democrático, enfocado en los derechos humanos, que sea justo, convergente y flexible es una tarea ineludible para esta Dirección. Tenemos como norte lograr que esas reglas de juego sean claras y precisas, que garanticen igualdad de oportunidades, reduzcan la discrecionalidad y brinden certezas jurídicas a todos los actores. Cuáles son las alternativas, los instrumentos, así como los tiempos o los ritmos para afrontar estos desafíos todavía no están definidos, pero hacia allá vamos". Reglas de juego claras, igualdad de oportunidades, hacia allá deberíamos ir, pero el mensajero ha sido castigado. Hubo "diferencias en el método de trabajo".

Las dificultades para implementar la trazabilidad debería importar a cada uno de los uruguayos porque revelan problemas mucho más profundos. Tener escasez de internet en este siglo es dejar de ser competitivo en todo, hasta las vacas dejan de ser competitivas.

¿Es que hay un problema tecnológico para que Uruguay esté en el puesto 150? Por cierto que no, la tecnología está disponible globalmente. ¿Es que ANTEL funciona mal? No pareciera ser el caso si uno observa el mercado de celulares, donde la empresa logra competir con compañías privadas de gran porte y dimensión mundial.

Allí está justamente el problema en materia de internet. La competencia no existe. Y en un ámbito en el que el cambio tecnológico es tan veloz, una empresa monopólica y estatal es muy difícil que mantenga el ritmo. Puede fijar la tarifa que le parezca, y dar la velocidad que quiera. Y no da el óptimo. Los hogares urbanos podrían tener 10 megas por segundo de capacidad de baja de información. Los equipos que tiene ANTEL lo permiten. Pero apenas tienen 3 megas los que pagan más y mucho menos de 1 mega la mayoría.

El pasaje no requeriría gastos significativos para la empresa. Es abrir una canilla. Abrirla supondría mucha más calidad en los videos que se miran en los hogares, algo que además de ser un valor en sí mismo, tiene un potencial educativo estimable.

Pero eso también abriría mucho más una rama de competencia a la telefonía. Google y tantos más están ofreciendo servicios telefónicos vía internet que el ente oficial parece intentar bloquear, además de posibles servicios de video, donde ANTEL no está trabajando pero sí está considerando.

En realidad lo que se genera por esa vía es un gigantesco impuesto oculto. Los ciudadanos tenemos que pagar más dinero por menos servicios. Este monopolio privado genera, además, como derivado un oligopolio privado en la televisión por cable. Y así se pierde una sinergia fundamental. ANTEL seguramente podría competir en la provisión mayorista de internet y podría ingresar con fuerza en el mercado televisivo para lo que ya tiene preparado su servicio de TV sobre IP, hoy todavía marginal en los hogares. Las empresas de cable podrían dar servicios interesantes como proveedores de internet. Y los productores podrían mandar rápidamente la información de sus vacas. Y los niños de hogares rurales podrían mantener el entusiasmo que les dio el Ceibal en forma permanente.

Podríamos todos entusiasmarnos con una segunda fase del Plan Ceibal que le agregara banda ancha a los hogares. Uruguay construyó dos pilares de ventaja competitiva de largo plazo: internetizó a casi todos sus niños y llega con servicios de ADSL a más de la mitad de los hogares.

Falta enganchar esos eslabones. Es seguro que hay empresas interesadas, y es seguro que a la empresa estatal le viene bien ponerse el equipo deportivo y tratar de empezar a remontar el puesto 150. En la recepción de datos estamos algo mejor. Ocupamos el puesto 130. La biología lo explica claramente: sin variación y competencia no hay evolución.

Es parte del gran desafío logístico que tiene Uruguay por delante. Y una vez más nos toparemos con las restricciones argentinas. Como con Martín García, Uruguay está teniendo un problema de asfixia vecinal con internet.

La comunicación de un hogar con el mundo tiene tres tramos. El primero, desde su casa hasta la central de ANTEL que recepciona y envía la información de y hacia el hogar. Allí, como se dijo, la lentitud es autoprovocada. ANTEL no concede más de 3 megas, pudiendo potencialmente otorgar 10.

En el segundo tramo se cuenta con tecnología apropiada, es decir desde la primera central de ANTEL hasta que los datos van al equipo (denominado enrutador o Router) que se conecta al internet global, no hay problemas.

Pero es en el tercer tramo, la conexión al internet global donde aparece otro inconveniente: el acceso conjunto de todos los usuarios de ANTEL a internet es escaso. Hoy se realiza mediante varios enlaces físicos que permiten una velocidad bastante pobre y se espera que la nueva conexión realizada con el cable submarino entre Punta del Este y Las Toninas (Argentina) incremente dramáticamente esta velocidad. Pero viene mucho más lento de lo esperado.

Allí hay otro problema. La interconexión con Argentina tiene un cuello de botella. Y como en Martín García, se depende de decisiones que deben tomarse en el país vecino para que las cosas pasen. Uruguay hace dos años que está negociando una mejora en la comunicación de Uruguay con el mundo (peer to World). Pero los frutos no aparecen. En este caso la negociación trabada no es con el Estado sino con Telecom.

Los problemas que viene generando el instrumentar una ganadería del primer mundo deberían ayudar a despertar a la opinión ciudadana. Si internet es un cuello de botella, nuestras oportunidades en cualquier actividad también tendrán un cuello de botella.

Uruguay tiene un doble problema de brecha digital. Entre el país y el mundo hay un escalón demasiado alto. Y entre los centros urbanos y las zonas rurales hay otra brecha muy alta.

La salida de internet es un cuello de botella literal. La estructura del mercado de ancho de banda es otra. Y si hay algo que en este país no es fácil, es reformar el Estado. Tal vez la llave de la reforma del Estado la llevaba Daniel Ferrere.

Tenemos que encontrar esa llave urgentemente. Y para eso lo primero es que la opinión pública tenga la actitud de encontrar la llave que reforme desde el mercado de internet al del ferrocarril. Se precisa una revolución pacífica que un siglo después de otras, proclame: aire libre y banda ancha